Mientras para la gente común las personas somos el colectivo humano que puebla este planeta (plebe, peña, turba, mogollón, masa.. sinónimos en los cuales estamos incluidos tu y yo), para los políticos y empresarios somos purita estadística, bendita palabra, MANIQUEISTA donde las haya. Por ejemplo, si hoy soy el único en Catalunya que circula en coche y me la pego contra una farola, el resultado de la estadística es que un 100% de conductores se la pegan contra una farola, por lo tanto se prohibe conducir por las calles donde hay farolas bajo multa de…(a criterio de no sé quién).
Si hoy solo somos dos los que conducimos y me la vuelvo a pegar (ahora contra un arbusto) pero el otro no, la estadística es del 50%, a pesar de ser la mitad, todavía es muy alto, asi que lo mismo con los arbustos…
Si, por ejemplo, sólo salimos dos conduciendo (los mismos u otros, da igual) y atropellamos al mismo peatón (ya es casualidad pero puede pasar), representa que un peatón es atropellado por el 100% de los coches que circulan y como hemos sido dos coches en el mismo dia, la resultante es un 200% de atropellos.
Conclusión: Si diariamente se avalanzan por la calles y carreteras bastantes millones de coches en toda España con otros millones que van andando y todos, absolutamente todos tienen derecho a circular y a pensar (o sea, ensimismados en los problemas que les provoca un gobierno que los ahoga en impuestos, no les deja fumar, deja inundar de publicidad vallas, televisiones, radios, aparadores o como coño le metieron dos goles a Casillas en Albacete)… Lo raro es que no haya cientos de muertos al dia, por lo tanto es que los que conducimos lo hacemos muy, muy, muy bien.
Las estadísticas de los accidentes, de heridos, de muertos y todas esas cosas que ninguno queremos, no están refrendadas por la cantidad de gente y vehículos que circulan en todo el pais al dia (es lo que vale), sino por los accidentes ocurridos en años anteriores (maniqueismo) y éste, por desgracia, es el peaje que hay que pagar para mantener el hecho y derecho a desplazarse y, como no, mantener las arcas del estado; el 80% de la economía se sostiene en el sistema de desplazamiento, siempre según las estadísticas.

